Creamfields Buenos Aires 12/11/2011
Una nueva edición de Creamfields Buenos Aires, con todos los ingredientes de una megafiesta, en esta oportunidad en el autódromo de la ciudad.
Llegué alrededor de las 7 de la tarde, con el sol todavía clavado en los ojos. El estacionamiento era en la punta opuesta de la pista, dejé tranquilamente el auto y empecé a caminar hacia el espacio de las carpas, junto con la gran cantidad de gente que llegaba. La caminata, al comienzo fue divertida, por lo pintoresco de caminar sobre la propia recta principal del circuito… pero una cosa es mirarlo por TV y otra es hacer todo a pie… son mas de 2000 metros
Llegado a los molinetes de ingreso, donde había que mostrar el ticket, tuve algunos inconvenientes con los encargados, que con su maltrato y escasa predisposición, hicieron de una consulta una discusión. Superado el mal trago, ingresé. Ya con la luna asomada entre los árboles.
Caminata sin rumbo, reconocimiento del mapa musical y los futuros destinos, y encuentro con amigos en el main, donde Joris Voorn estaba arrancando.
Un house bastante chato y algunos samples de instrumentos algo disonantes, me hicieron escapar.
Me dirigí hacia la carpa Delta Radio, donde estaba concluyendo la sesión de Barem: un sonido muy fino, tranquilo, apropiado para la hora, con el toque personal del joven m_nus argentino.
Seguidamente el dúo Pan Pot, aportando mucha sonrisa, pero su música no me atrajo. Me moví buscando otra música y saludar a otros amigos. La carpa Arena2 (by Cocoon) estaba con Guti tirando un techno salado, sin importar lo temprano que todavía era… algún purista podrá quejarse, pero los varios centenares que estaban allí bailando agradecían la propuesta.
Cerca de las 22 horas, cuando la migración empezó a dirigirse hacia Cream Arena, esperando el comienzo de Hernán Cattáneo, me sumé al movimiento, pero hice escala en el comienzo de Booka Shade… el dúo salió al Main Stage con su híbrido dj+percusionista, y ofreció lo suyo con personalidad.
A paso apurado me interné en la Cream Arena, buscando a los amigos de siempre, que estaban donde siempre, siendo la buena companía de siempre.
Y Hernán arrancó con una suavidad que a esta altura de su trayectoria y de lo que representa su figura en una cabina de Buenos Aires: me aburre. Estuve media hora y me fuí en busca de otros aires.
Arribé nuevamente a la DeltaRadio, con el inicio de la señorita Ellen Allien. Vestidito a cuadros azul y blanco, con unos detalles bordados en los bolsillos. Si la encontraba mamá caminando por el barrio, tal vez la confundía con una clienta de la peluquería, pero no, ella estaba pinchando sus discos, con el clásico estilo BPitch Control, un groove movedizo, sin estridencias, pero que me hizo mover los pies durante todo el rato que estuve. Fue el rato de nostalgia de mi reciente pasado en Barcelona en varias increíbles noches del Nitsa.
Crucé nuevamente el verde césped, a meterme en pleno paisaje M_nus de la carpa Arena2, con Gaiser, certero, fiel a su receta, efectivo y con un buen audio. Escuché solo tres o cuatro tracks, pero entre ellos, mi preferido “Ololoo”, un tracks del propio Gaiser al que le hice un bootleg el año pasado.Lo tomé arbitrariamente como un regalo personal

Volví para la media hora final de Cattáneo, esperando la música que no puso en el arranque, pero todo siguió mas o menos igual. El track de cierre: un remix del clásico “Gill Noris – Forme”. Lo mejor del momento: el encuentro con tanta gente querida y la ovación que se llevó Hernán de los miles de fanáticos.
Acto seguido, Gui Boratto subiendo a la cabina de Cream Arena, sonido oscuro, propuesta de productor y mi partida nuevamente hacia otros rumbos.
La noche estaba esplendida y la luna brillaba con máxima redondez. Una brisa suave acariciaba la caminata. Charlas, cruces, teléfonos que no funcionaban, gente.
Apenas un breve paso por Luciano, que me echó inmediatamente, y el regreso a Cream Arena a uno de los platos fuertes: a las 2:00 AM o’clock el sr. John Digweed se hizo cargo de la cuestión. Los grandes suelen tener la capacidad de perdurar, y él sabe de esas cosas. Un power set… progressive, tech, techno, y todo lo que se le ocurre poner, a su manera, y eso es una buena manera.
El final de Diggers nunca es una buena noticia, salvo que, lo que venga sea Danny Howells. Y el siempre sonriente Danny, que también sabe como perdurar siendo grande, subió con su movimiento y sus manos tan rítmicas. Mientras estuve allí nunca pude sacar la mirada de la cabina… si alguien se pregunta qué diferencia hay entre un Dj y un señor que solo pone música… pues mirando a Danny encontraran una respuesta.
Dudé mucho en separarme de la buena vibra de los amigos y alejarme un rato del groove de Howells, pero superé la difícil encrucijada y me dirigí a la Arena2 a escuchar a Adam Beyer… y cuánto agradezco haberme decidido!!! simplemente porque allí escuché la mejor música de mi noche. Tremenda seriedad, tremenda solidez, tremendo audio. Tremendo techno. Beyer, que cambió su calva extrema por un leve cabello con rayita al costado… detalle que le da menos cara de crazy… tal vez para equilibrar ante tanta música extremadamente intensa. Mezclas precisas, y un sonido crudo, pero sumamente armónico.
Volví satisfecho para el cierre sonriente de Danny Howells, las caras amigas y el sol que empezaba a filtrarse por los costados de las carpas.
El último bombo golpeó a las 6:00 en punto. Regreso al auto por la interminable pista del autódromo… y el colchón de césped que fue sitio de reposo y espectador de las lentísimas charlas post-fiesta, hasta casi finalizar el éxodo de la muchedumbre, y por fin, emprender el regreso a casa.
Continue Reading...


























