(Cadaqués) Surrealismo mediterráneo

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Incentivado por el hecho de que nuestro amigo Lucas y flia. en este mismo momento se encuentra en Cadaqués, dejé aflorar los buenos recuerdos que me trae ese lugar.

Hace algunos años me encontraba en tierras catalanas. Una amiga brasileña al saber de mi interés por la obra de Salvador Dalí me hizo una recomendación a modo de amable orden: “no puedes estar por aquí sin conocer Cadaqués y el museo de Figueres…”. Como suele pasar cuando uno está de viaje con mapa en mano y horizontes múltiples e inciertos, no me negué a su recomendación… a los pocos días tomé un bus rumbo a Cadaqués.
Desde Barcelona son aproximadamente 200 kilómetros hacia el nordeste, el camino es atravesando una delgada ruta entre montañas con infinidad de curvas, mas o menos en  tres horas llegué a destino.
Cadaqués es un pequeño pueblo sobre la Costa Brava, cerca de la frontera con Francia. Tal aspecto lo percibí rápidamente en las “rr” de la señora del comercio en el que pregunté dónde quedaba la oficina de turismo. La mayoría de los habitantes del lugar hablan Francés además de español y catalán, y las mezclas suelen ser divertidas.
El pueblo es un verdadero paraíso mediterráneo, muy pequeño, emplazado en una bahía con suelo montañoso, dando la impresión de un gran anfiteatro con vista al mar, azul, tan azul.
La arquitectura tiene un aire griego, casi todas las paredes son blancas y las callecitas empedradas de no más de dos o tres metros de ancho suelen estar techadas por enredaderas con flores.
Rápidamente me ubiqué en la pensión de una fonda, en el corazón de esas callecitas empedradas; dejé mis cosas y me fui a la playa.

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La playa cubre toda la extensión de la bahía, y en el centro del semicírculo se erige una estatua de Salvador Dalí, con su estampa particular y su bigote con puntas redondeadas.
Cual es la conexión Dalí-Cadaqués?, pues bien, Dalí nació en Figueres, un pueblo sin salida al mar muy cercano a Cadaqués, pero Cadaqués fue el lugar donde Salvador pasó la mayor parte de su vida. Ya afianzado como artista y buscando paz e introspección construyó su casa en Cadaqués, en un extremo llamado Port Lligat, sobre una elevación con una panorámica formidable y una pequeña playa a sus pies.
Hacia dicha casa me dirigí… la casa-museo Gala/Dalí es un delirio de arquitectura y decoración, con ambientes chicos de formas irregulares, ventanas ubicadas en lugares impensados, desniveles y escaleras que se entrecruzan. Las anécdotas de la vida de la pareja allí son innumerables y algunas obras que todavía están colgadas en sus clavos originales me hicieron reír y emocionar al mismo tiempo.
La habitación principal con forma de polígono extraño tiene la ventana en uno de los ángulos; como desde la ubicación de la cama Salvador no podía ver la salida del sol sobre el mar, diseñó un sistema de espejos que le permitió saciar tal necesidad :)

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Cuando la sombra de la tarde caía sobre la bahía, volví a la playa, los bares y restoranes de la costanera empezaban a prender sus velas. El calor se impone y en las horas de sol pleno no es nada fácil aguantarlo… la tardecita playera ya estaba amable y solitaria y me zambullí al mar soportando los pinchazos en los pies… la playa no es de arena sino de piedras, una especie de canto rodado gris que es muy bello visualmente pero bastante incómodo para caminar descalzo… por fin encontré algo negativo en el lugar!!! :D .

Mientras descansaba sin mucho por hacer sentado entre aquellas piedras de redonda silueta, se acercó Laila, una francesa que estaba con un grupo de amigos y me pidió un poco de agua. Para nada estoy de acuerdo con el mito de que los franceses son mala onda (o quizá la buena fortuna ha estado de mi lado)… al rato estabamos charlando animadamente de música y demases con otros tres o cuatro comunicándonos mediante una ensalada de palabras franco-españolas, mientras me compartían un exquisito chocolate blanco (solo me faltaba eso para redondear mi tarde!). 

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Cuando cayó la noche volví a la pensión.   Luego de la ducha necesaria (el calor es realmente intenso) bajé al restorant, de extrema sencillez pero máxima calidez… de hecho bajé en bermudas y descalzo a preguntar qué se podía comer, y no tuve que volver a cambiarme, el contexto invitaba a la informalidad en todo sentido. La señora encargada de la pensión que además era la que manejaba la actividad del restorant me recomendó unas pastas con salsa suave, que disfruté mientras por la ventana entraba por fin un poco de brisa.        

Salí a caminar por el pueblo mientras se hacía la hora de reencontrar a los amigos franceses. Lo que diré, sé que puede sonar a frase hecha, pero amigos lectores si necesitan ratificación solo busquen jurisprudencia y verán que no exagero: Cadaqués tiene magia.
Sus callecitas, sus colores, el leve sonido del mar cercano (es una entrada del Mediterráneo donde casi no se generan olas), las flores que cuelgan de los balcones, el aire y el placer de caminar sin rumbo… todo parece organizado por un sutil equilibrio hombre-naturaleza.

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Volví a la playa, punto de encuentro con los franceses, había un nuevo integrante del grupejo, un italiano que se apareció con una guitarra, y como siempre el bendito instrumento fue el pretexto para compartir una noche de intercambios varios… me di el gusto de tocar algunas canciones de Manu Chao y participar del debate sobre si Manu canta mejor en francés o en español :) … el cielo nos dio mas tema, sabido es que en ese hemisferio se ven otras constelaciones, pero nunca me había detenido a mirarlas…

museo-dali-figueres3Al otro día temprano tomé un bus a Figueres, para deleitarme con el museo Dalí, que el propio Salvador instaló en el inmenso teatro de la ciudad. Otro delirio de arquitectura, pero en este caso con un contenido de obras tremendísimo. Un gran porcentaje de susmuseo-dali-figueres2 mejores trabajos está allí… pinturas, miniaturas, experimentos 3D, diseños de joyas, muchas, muchas cosas que admirar y disfrutar.

 

 

A la tarde volví a Cadaqués, era mi última noche allí. Nuevamente salí a caminar y la playa y unos fideos que cocinaron los franceses en una hoya de campamento a orillas del mar … y Laila que me contó que eran sus últimos días en Europa, hablamos y divagamos alrededor de su personal concepto sobre la libertad… al otro día volvía a su Montpellier natal, para armar mochila y partir hacia Paquistán donde tenía pensado dar clases de idioma…

 

A la mañana siguiente volví a Barcelona, con la clara sensación de que Cadaqués es un increíble lugar y que en adelante haría lo posible por volver. Por suerte algunos años más tarde pude darme ese gusto.